Por Germán Wettstein
El país del cangrejo bajo la piedra

Los uruguayos nos caracterizamos -entre muchas otras cosas, algunas muy positivas- por caminar con pasos lentos. Andamos por la vida como buscando siempre el cangrejo debajo de la piedra. Somos una especie suspicaz.

El autor de esta nota describe nuestra actitud hacia ''el otro'' que en ''el otro'' es la actitud hacia mí- como aquello que nos hace desconfiar de todo, o casi todo: de los políticos, de los militares, de los economistas, del clima y de JR. Y nos propone, para superar esto, ir al rescate de la ingenuidad. Ser más confiados para ser más espontáneos y francos.

Recurro al Diccionario de la Real Academia y transcribo:
Ingenuo: ''sincero, candoroso, sin doblez; que nació libre y no ha perdido su libertad''. Y en cuanto a ingenuidad se agrega: ''verdad en lo que se hace o dice''.
Suspicaz: ''propenso a concebir sospechas o a tener desconfianza''. Y en cuanto a suspicacia: ''especie o idea sugerida por la sospecha o desconfianza''.


HIPÓTESIS DE TRABAJO
Una: la ingenuidad y/o la suspicacia pueden constituir rasgos característicos y hasta predominantes, de toda una sociedad.
Dos: a título de ejemplo sostengo que los estadounidenses constituyen una sociedad de ingenuos, mientras los uruguayos nos hemos convertido en una sociedad de suspicaces.
Para ilustrar la referencia a Estados Unidos basta pensar entre cientos de casos posibles- en dos recientes: que Arnold Schwartzenneger haya sido elegido gobernador de California, y que George W. Bush siga contando con 56% de opinión pública a favor, en noviembre 2003, no obstante las atrocidades conexas con su invasión a Irak.

A ilustrar la referencia a Uruguay dedica los siguientes párrafos. Pero antes es oportuno enumerar los sinónimos que le son asignados a uno y otro concepto. Con la salvedad de que según el Larousse- ''no se pueden sustituir los vocablos sinónimos como si fueran equivalentes''.


LOS SINÓNIMOS OPERATIVOS
De ingenuo: abierto, cándido, comunicativo, confiado, crédulo, espontáneo, franco, idealista, iluso, infantil, incauto, inconsciente, inocente, llano, puro, sencillo, simple. (Sub total 17).

De suspicaz: agudo, avisado, aprensivo, astuto, caviloso, celoso, desconfiado, dubitativo, escamoso, escaldado, escarmentado, escéptico, incrédulo, ladino, lince, malicioso, matrero, melindroso, pícaro, preocupado, prevenido, prejuicioso, receloso, sospechoso, susceptible, taimado, temeroso. (Sub total 27).

Como se ve, en Hispanoamérica la suspicacia predomina sobre la ingenuidad, y alcanza un alto grado en Uruguay. Para comprobarlo sugiero un ejercicio interactivo: que cada lector subraye aquellos descriptores de suspicacia más frecuentes en su entorno.


MODALIDADES DE SUSPICACIA ORIENTAL
Mi tercera hipótesis de trabajo refiere a la muy amplia gama de suspicacias activas que practicamos. Por obvias razones de espacio recurro a un sólo ejemplo en cada sector (y los ordeno alfabéticamente... para evitar suspicacias).

En lo climático. ¡Qué incapacidad la nuestra para no disfrutar las horas de tiempo soleado y agradable! Estamos siempre listos para devaluarlos con un ''sí... pero mañana llueve''.

En lo deportivo. ¿Cuánto escepticismo debió (o aun debe) soportar Juan Ramón Carrasco, para poder convencernos que bien vale la pena superar las tesis defensivas y convertir a la selección de fútbol en un equipo goleador?

En lo económico. Hemos transitado la segunda mitad del siglo veinte cultivando prejuicios hacia los empresarios nacionales, del agro y de la industria. Se partía de una simplificación escalofriante: ''todos se enriquecen a costa de nosotros''. ¿Y los intermediarios? ... Bien, gracias.

En lo militar. La desconfianza y la sospecha cayó sobre los uniformados como un estigma histórico. Hasta el propio General Seregni lo ha sufrido, y si no que se lo pregunten a ''El Sabalero''. Me pregunto: ¿no habrá contribuido tanto recelo a su escasa inserción societaria? Ahora conozco bien el formidable rol integrador que pueden cumplir las fuerzas armadas, viviendo en Venezuela.

En lo político. Se mire hacia la derecha, a la izquierda o al centro, uno puede toparse con la más variada tipología de suspicaces y maliciosos. Bastaría con asistir a una reunión de la Mesa Política del Frente Amplio, o a la Unidad de Educación de su Comisión de Programa. Alcanzaría con oir un sólo discurso del doctor Julio María Sanguinetti en campaña electoral, para galardonarlo como el Príncipe de los Suspicaces. ¿Cuántas sospechas, cavilosidades y melindres le han sido dedicadas al doctor Tabaré Vázquez? Y no sólo desde desde el campo adversario, también por parte de los ''autodesignados'' frentistas.

En lo religioso. Cien años de educación laica convertida en un credo más, sembraron al menos en los de mi generación- recelos hacia quienes creen y defienden a su Dios (con mayúscula). Ello no obstante haya razones para estar lince, por ejemplo, ante declaraciones como las de Monseñor Cotugno sobre la ''enfermedad gay''.

En lo social. Completo la ejemplificación con un dato menor pero que mucho me afecta tras 25 años de vida en Venezuela. Al caminar por Montevideo duele comprobar que nadie mira al otro: nadie opta por disfrutar los sonidos urbanos y los sustituye por la egoteca del walkman; nadie (o mejor nadia) agradece un piropo. Última hipótesis de trabajo: esas son formas de practicar la suspicacia en la vida cotidiana.


FINAL Y PRINCIPIO
Quizás estas preocupaciones personales no afecten ya a los jóvenes, pero como somos un país de viejos que hacemos envejecer osmóticamente a los nuevos, me pareció útil redactar este ''aviso a los navegantes'' pensando en el año 2030.

En síntesis: tenemos que trabajar duro para ir al rescate de la ingenuidad. Es decir, para ser más confiados y crédulos en ''el otro''. Para ser espontáneos y francos; para cultivar el idealismo; para disfrutar el encanto de la inocencia. Para comunicarnos mejor, tal como aspiramos a hacerlo desde este periódico.


Revista Dosmil30.
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