Los investigadores coinciden en que la historia reciente uruguaya tiene en el 68 un año que es punto concluyente y punto de inicio. Un año bisagra, podría decirse.

En esos meses, dice Carlos Demasi, confluye toda la tensión social de los años 50 y principios de los 60, con un Uruguay que empezaba, de a poco, a dejar de ser aquella excepción que algún día se dijo que fue.

En esos años, la izquierda (todavía no unificada) y el comunismo, alentados por una profunda crisis social y económica, asustaban a una derecha cada vez más proclive a solucionar los problemas apelando a la represión.

En 1958, durante la discusión de la Ley Orgánica de la Universidad, ya se habían dado enfrentamientos entre el movimiento estudiantil y la policía. Pero eso solo fue un presagio de los episodios del 68, año en el que la policía desplegó ese “rencor particular” que tenía guardado desde hacía diez años.

La sociedad uruguaya avizoraba una fractura. Algo que de golpe le hizo ver que ya no era tan estable institucionalmente y que cometía los mismos pecados que sus países vecinos. Crisis del modelo de industrialización, depresión de la moneda, crecimiento de las clases bajas y medias, y una clase política que ya no respondía a las demandas de la ciudadanía. En fin, que ya no era aquella “Suiza de América”.

El historiador presentó su libro El 68 uruguayo: el año que vivimos en peligro y habló con Montevideo Portal sobre esos días, el proceso de unificación de la izquierda y la figura "gris y desinteresada" de Pacheco Areco.

¿Por qué escribir un libro sobre el 68 uruguayo? ¿Es una cuestión de aniversario nada más?
En parte está vinculado con eso porque deriva de que el año pasado di unas charlas sobre el tema en la fundación Vivián Trías, y a Alcides Abella le gustó la idea y me pidió que escribiera un libro. Y yo, idiota de mí, pensé que iba a ser muy fácil. Tenía las charlas, desgrababa... y no, no fue así. El libro se transformó en otra cosa, pensó por sí mismo, siguió su propio camino. Y cosas, por ejemplo, que eran objeto de una charla me daba para fundamentar mucho más. Lo que empecé a ver ahí son dos cosas: que a los libros del 68 los escribieron, casi siempre, los veteranos del 68; se transforman en libros testimoniales. Es muy importante transmitir las experiencias, pero digamos que las experiencias son infinitas. Y, por otro lado, que había dimensiones del año 68 que en ese repaso tan testimonial quedaron afuera de la vista. Por ejemplo, habían escrito sobre el 68 militantes estudiantiles, sindicales. Ellos cuentan la historia desde su lugar, pero había una dimensión más global de la sociedad que se perdía.