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Por The New York Times

Cómo un perro fugitivo se convirtió en el héroe de Nueva Orleans

Esquivó un tren, atravesó una autopista interestatal corriendo y sobrevivió comiendo alimento que la gente dejaba para los gatos callejeros.

19.02.2025 19:43

Lectura: 7'

2025-02-19T19:43:00-03:00
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Por The New York Times | Rick Rojas

NUEVA ORLEANS — Evadió la muerte en un refugio que necesitaba espacio para más perros. Le dispararon: un veterinario le sacó trozos de munición del cuerpo. Esquivó un tren, atravesó una autopista interestatal corriendo y sobrevivió comiendo alimento que la gente dejaba para los gatos callejeros.

Tiene unos 3 años, pesa casi 8 kilos y tiene el pelaje áspero y desaliñado. Durante varios meses, gran parte de Nueva Orleans lo estuvo buscando. Con cada captura frustrada o fuga inverosímil, su fama crecía, al igual que su reputación. Se convirtió en una figura casi mítica, demasiado astuto y veloz para poder contenerlo.

Su saga ha inspirado tatuajes, murales y carrozas de Mardi Gras. Algunos lo consideran un renegado que elige la libertad frente a las comodidades de la vida doméstica. Scrim, como lo llamó alguien en el camino, es también una encarnación viva y jadeante del espíritu de Nueva Orleans: él, como la ciudad, ha seguido adelante a pesar de todo.

Pero para el pequeño grupo de voluntarios que se unieron durante meses para buscarlo, Scrim es simplemente un perrito que ha pasado por muchos traumas en su corta vida.

“Podía ocurrir una de dos cosas”, comentó David W. Brown, periodista de Nueva Orleans que dedicó todo su tiempo libre a la búsqueda. Las probabilidades de un resultado positivo se debilitaban cada día que pasaba sin rastro de Scrim, comentó Brown.

En noviembre de 2023, un refugio sobrepoblado de un condado cercano envió a Michelle Cheramie una lista de perros a los que pensaba aplicar la eutanasia. En esa lista estaba Scrim, que parecía una mezcla de “west highland” y terrier blanco.

Hace casi 20 años, en los brutales meses posteriores al huracán Katrina, la pasión por los animales llevó a Cheramie a fundar Zeus’ Place, llamado así en honor a su querido perro. Su plan era ofrecer servicios de peluquería, alojamiento y guardería que ayudaran a financiar operaciones de rescate.

Cuando Cheramie acogió a Scrim, Zeus’ Place estaba ayudando a frenar una crisis de otro tipo: perros que habían sido adoptados durante la pandemia estaban volviendo a los refugios de por sí saturados.

Scrim llegó aterrorizado, cargando con los traumas de su antigua vida. Cheramie solo sabía que había sido golpeado y nunca lo habían cuidado bien.

Estuvo un tiempo recuperándose con voluntarios. En abril, alguien quiso adoptarlo y se lo llevó a casa una semana de prueba, como lo requiere Zeus’ Place.

Huyó la primera noche.

Las horas se convirtieron en días de búsqueda de Scrim; los días, en meses.

Se pusieron carteles y se pidió ayuda en las redes sociales. Supuestamente se veía a Scrim por todas partes; algunos mensajes eran más creíbles que otros.

Un grupo de voluntarios unió fuerzas con Cheramie. Brown se unió tras informar de un avistamiento que resultó no ser Scrim. Bonnie Goodson empezó a recorrer su barrio en bicicleta por las noches para buscarlo. Tammy Murray y Barbara Burger fueron reclutadas fácilmente.

“Con una vez que me llamen”, dijo Burger, periodista judicial y conocida de Cheramie, “ya estoy en la misión”.

El equipo recorrió el entramado de calles del barrio de Mid-City como si fueran patrulleros, dijo Brown. Se arrastraron por debajo de una infinidad de casas. Se apresuraron a revisar los informes de perros muertos con la esperanza de que ninguno fuera Scrim.

El perro seguía corriendo, quedando siempre fuera de su alcance por muy poco.

Cheramie colocó en su patio trasero una diana que hizo con una imagen de un perro muy parecido a Scrim que rescataron. Practicó y practicó con una pistola de dardos.

El 23 de octubre, un informante dijo haberlo visto en los alrededores de un sitio donde una empresa de limusinas estaciona sus vehículos.

Cheramie llegó al lugar, posicionó la pistola de dardos y disparó.

“Fue un tiro perfecto”, aseguró.

Scrim corrió durante siete minutos antes de empezar a tambalearse en círculos. Cheramie y Goodson se abalanzaron sobre él.

“Estás a salvo”, le dijo Cheramie.

Tenía dientes rotos. Le faltaba un trozo de oreja. Le habían disparado con una escopeta de perdigones.

Tras salir del hospital de animales, fue a lo que se suponía que sería su nuevo hogar, donde se instaló unas semanas. Cuando su nueva cuidadora tuvo que ausentarse unos días, Cheramie lo acogió temporalmente.

El 15 de noviembre, mientras estaba fuera, Scrim subió al dormitorio de su hija, donde sus gatos descansan en camas orientadas hacia la luz del sol. La ventana estaba abierta, pero tenía un mosquitero. Masticó y arañó la malla. Saltó al tejado del porche y desapareció.

Ese salto no hizo sino intensificar la leyenda.

Esta vez, Scrim cubrió mucho más territorio. Pasó por el Superdome. Lo vieron merodeando entre las jirafas del Zoológico de Audubon. De algún modo, llegó hasta Harahan, un suburbio alejado. Un mapa de colaboración masiva en línea se llenó de avistamientos.

Para el equipo de búsqueda, la segunda huida de Scrim significó más pistas que comprobar y más casas bajo las cuales arrastrarse. Scrim ignoró las trampas que le tendieron con carne de res y pollo frito Popeyes.

Las largas noches en rincones aleatorios de la ciudad les recordaron que Scrim no era la única criatura perdida en Nueva Orleans. El equipo rescató a decenas de otros perros y gatos. También visitaron y ofrecieron ayuda a personas en apuros que estaban viviendo en la calle.

“Me abrió los ojos”, dijo Burger.

Cuanto más se prolongaba la búsqueda, más parecía que la posibilidad de encontrarlo con vida sería un milagro.

Scrim seguía fugitivo durante la erupción de fuegos artificiales de Nochevieja, y la atención se desvió de su caso después de que un atentado mortal en la calle Bourbon el primer día del año hundió a la ciudad en el dolor y el miedo. También continuaba solo durante la conmoción que supuso la celebración del Supertazón y una tormenta de nieve que cerró la ciudad, ya que cayó más nieve de la que Nueva Orleans había visto en décadas.

Un martes, Cheramie recibió un mensaje de texto con una foto. Scrim estaba metido en una trampa que se había colocado para gatos callejeros.

Dos días después, allí estaba, relajándose en una camita en casa de Cheramie. Estaba perfectamente tranquilo, aun cuando la gente pasaba para poder dar fe. Era como un recién nacido al que todos querían ver y tomar en brazos.

Aceptó que lo rascaran, los juguetes y algunas de las golosinas que le trajeron los visitantes. El perro de Cheramie, casi 41 kilos de curiosidad y mimos que llevan por nombre Scooby-Doo, se enfurruñó como un hermano mayor hambriento de atención.

Las trampas fueron desmanteladas. Cheramie no veía la hora de por fin desconectar el segundo teléfono móvil que llevaba para responder a las pistas. Cuando el equipo de búsqueda se reunió en su casa el jueves por la noche, fue para comer pizza y compartir historias.

Cheramie seguía revisando obsesivamente las puertas, ventanas y rejas. Burger dijo que quiere creer que Scrim está listo para llevar una vida diferente. Quizá lo esté. Pero también podría estar planeando, esperando la oportunidad perfecta para huir.



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