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Cultura

Música halada

"El hueso es la imagen y el halo, su profeta": un análisis de Halo, el último disco de Juana Molina

Desde el timbre, el ritmo y la voz, buceando por las referencias culturales, este texto analiza el trabajo de la artista argentina. Por Gabriel Galli.

02.08.2017 12:49

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2017-08-02T12:49:00-03:00
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Este viernes 4 de agosto, Juana Molina llega a nuestro país para presentar Halo, su último trabajo discográfico. A las 21 horas, la artista argentina tocará en La Trastienda (Daniel Fernández Crespo 1763) las diferentes canciones de su nuevo disco. Gabriel Galli*, docente del Instituto de Comunicación de la FIC (Udelar), analizó los diferentes aspectos que subyacen a la obra, tanto musicales como culturales, en este analisis que envío a Montevideo Portal.

 

HALO

Suspendido en el aire, en torno al Sol o la Luna, ese resplandor es a la vista lo que la resonancia, al oído. Y es aureola sobre la cabeza del santo, convención de la diferencia ontológica entre seres que habitan imágenes sagradas. Y como aura, es emanación fluorescente, campo de radiación luminosa de los cuerpos sensibles. Como luz mala, es el alma en pena tras la última morada. Fuego fatuo, fata morgana, espejismo, simulacro, apariencia.

Pero falta iluminar el juego, la ironía, el humor, la paradoja. Halo (2017), como el séptimo disco de Juana Molina. Y sabemos que 7, es un número mágico. La circularidad lunática del lobizón, en la licantropía vernácula, es prerrogativa del séptimo hijo. En idioma español, disco, álbum, LP, son sustantivos masculinos. Pero la música es, inequívocamente, femenina.


Música Halada

La música de Halo conduce a un nuevo nivel el camino experimental de Juana Molina. Lo alcanzado ahora, es resultado del proceso de estilización de una voz propia, en el camino de un musical, llega a ser quien eres. Entre sus rasgos fundamentales copertenecientes e inseparables entre sí, sólo distinguibles al ser pensadosse cuentan los ritmos hipnóticos, la exploración tímbrica, el devenir abstracto de la voz y una música física y corporal, basada en la interpretación.

Ritmo

Halo es una invitación a la danza. Sus ritmos hipnóticos pertenecen a rituales cuyas raíces alcanzan el fondo de los tiempos, desde una inequívoca actualidad. En Halo, el ritmo se presenta bajo diversas formas concurrentes. Entre ellas, participan el ritornello, el rondó, el ostinato, así como sus variaciones corales y por momentos, se tiene la experiencia de pasajes fugados (Andó) que se corresponden con la geometría rítmica de cada caso, siguiendo su calidad multiplicadora. Aquí y ahora, hipnótico significa abolición de la conciencia y sus modelos, de la psicología de la razón y sus trampas imaginarias. Lo que emerge en su lugar, es el cuerpo y sus verdades. El retorno de lo ignorado, reprimido u olvidado, pronto a dar pulso e impulso, a transformaciones súbitas.

En Sin dones, el ostinato se presenta como una vigorosa y contagiosa línea de bajo interpretada por la guitarra de Juana. Así, celebra la claridad que se sigue de ver-se en el espejo del mundo alrededor. El donal menos desde Marcel Mauss y su célebre tratado se inscribe en una economía cultural que incluye tanto los intercambios macroeconómicos, como las lógicas afectivas que rigen la familia, el amor erótico y la amistad. La belleza es un don que la naturaleza puede favorecer pero que sólo la mirada del otro embelesado, puede otorgar. Incluso y sobre todo cuando uno se descubre como otro, para sí mismo. Es entonces que desde lo más profundo, surge una realidad más leve, superficial y verdadera, aquella que hace pensar al cuerpo, mientras la mente puede, por fin, danzar.

El ritmo es también presencia sutil, apenas sugerido, como en Lentísimo halo, donde la cadencia de un casi-blues, es el tiempo de la premonición y su campo de espera; o Cálculos y oráculos, donde Juana restituye el pulso de un bosque misterioso y los seres ocultos que lo habitan, abandonado del horror romántico y poblado de ojos que presienten, una presencia ominosa.

Timbre

La exploración tímbrica es uno de los rasgos sobresalientes de la música occidental, al menos, desde el siglo XIX. Pero lo que comenzó con los instrumentos tradicionales son emblemáticos, por ejemplo, el Bolero de Ravel o Pedro y el Lobo de Serguéi Prokófiev, hubo de continuarse a través de medios electro acústicos. Si en la música tradicional, el timbre permitía determinar la fuente sonora, desde que los sonidos se producen sin pasar por su fase acústica, el timbre es, también, fuente de extrañamiento y novedad. En este sentido, Halo es un estallido tímbrico al servicio de soundscapes siempre renovados, inquietantes, divertidos, diversificados, tocados por el humor.

Así, en Paraguayatambién en Oráculos y cálculos, donde la música cobra forma a partir de lamentos que parecen auto organizarse entre la textura rítmica de una marcha a la vez misteriosa y juguetona un Scherzo, como en Aprendiz de brujo de Dukas, sobre el poema de Goethe que contagia el ánimo de quien se trae algo entre manos, aparece la manifestación sónica de, al menos, dos espíritus copartícipes del conjuro relatado. Casi desde el inicio, un ronco ronroneo serpentea entre los beats que adquieren, simultáneamente, cualidades de ritmo, timbre y nota, como si cada uno fuera todo dejando la estela de su cola, como exhalación de un sinuoso dragón protector. Sobre el fin de la primera estrofa, tras "lo que he pedido" es decir, la verbalización del deseo aparecen las cuerdas dando cuenta del proceso de encantamiento, a la vez que introducen una sombra de duda sobre lo que habrá de resultar. Pero sobre todo, es la experiencia sonora, siempre interrogativa, de un viaje hacia las cavernas del alma y el deseo femeninos. Allí, emerge un segundo copartícipe. Un ulular con ojos de lechuza segundo bajo, metáfora de oboe o violoncelo, que revolotea comentando y participando de la acción, hasta el fin de la canción, como un espíritu burlón.

Voz

El devenir instrumento de la voz es su devenir abstracto. Juana parece ejercer una huida del lenguaje, en tanto la voz se aleja de la letra, camino del mantra (In the lassa), el recurso mnemotécnico (Cosoco), los coros sirénicos (Cara de espejo) y en última instancia, de la reducción de la palabra al fonema y la onomatopeya (A00 B01, Andó). Así como la historia del arte muestra el forcejeo de la figuración con la abstracción y la del teatro, su eterna negociación con el absurdo, la voz de Juana baila en tensión con la significación. Incluso cuando se trata de una letra estructurada, su voz, aún con la palabra articulada, sigue un devenir ritmo con vocalizaciones de duraciones inesperadas y acentos sorprendentes. En los momentos en que la voz se suelta de la palabra y su función de designación, surge una elación dionisíaca, una fiesta pánica, un aquelarre coral, un quilombo de esclavos liberados. Es entonces que la voz despliega su potencia expresiva más abstracta, dejando atrás la significación y el sentido, para volverse intensidad, afecto, un vendaval en la cabeza.

Cuerpo

La música de Juana Molina se basa en la interpretación. En ella, todo recurso electrónico es instrumento del cuerpo. Esto hace de su arte, algo íntimamente personal. Su singularidad se basa en la magia en su sentido más antiguo, el de arte o techné, aquel que articula el saber con el hacer, el que produce lo que antes no existía. Esta corporeidad de la música, arroja luz sobre la continuidad del registro discográfico, en sus presentaciones en vivo. En ellas, asistimos al laboratorio performático del encantamiento, aquel que nos coloca en el sitio virtual donde el milagro de la música se produce. Allí se constata la plenitud de la fórmula de McLuhan, los medios como extensiones del cuerpo. Cada instrumento utilizado, cada timbre producido encuentran su razón emocional de estar ahí. La virtud de la música de Juana es alejarse del virtuosismo, entendido como predominancia de la técnica, es decir, del medio como fin en sí. El poder expresivo está siempre por encima del demostrativo, de manera general y ubicua. Aún así, sobresale el juego contrapuntístico entre la guitarra y el bajo en Cara de espejo, donde el buen gusto y la delicadeza interpretativa, preparan no sólo el retorno del ritmo y la danza, sino el de las texturas vocales que vuelven otras, adicionadas, multiplicadas, revolucionadas.

Magia, humor, ironía

La brujería es una forma de expresionismo donde lo cercano y cotidiano se convierte en maravilloso. Por eso, las brujas montan escobas. El signo de sumisión a la limpieza del hogar, es trastocado en vehículo fálico para surcar el cielo nocturno de los durmientes. Los calderos de cocina se vuelven crisoles para pociones y brebajes. Mientras la lengua, siempre materna, es la materia prima de conjuros y encantamientos. Giordano Bruno mostró, hacia finales del siglo XVI, que la magia remite a Eros que todo lo une. Cuando Eros despierta, inicia la magia.

El amor es, en sí mismo, una forma de embrujo. Y una mujer enamorada no puede manipular desde fuera sin ser, a su vez, víctima de la propia manipulación. Aquí comienza el humor de Juana Molina. Como en Aprendiz de brujo (el de Dukas y Goethe, encarnado por Mickey Mouse en Fantasía, Walt Disney, 1940), la protagonista inequívocamente contemporánea en su apresuramiento por la satisfacción inmediata del deseo padece el desencuentro entre el poder mágico y el equívoco radical del deseo amoroso (en términos lacanianos, en el amor, uno da lo que no tiene y espera recibir, lo que no le van a dar).

La ironía de Paraguaya, da en el centro de la paradoja contemporánea por excelencia. Si las paradojas apuntan en dos sentidos opuestos a la vez, Paraguaya transita el pliegue donde las líneas contradictorias se disparan: cuando el premio coincide con el castigo, lo bueno con lo malo, la urgencia por el objeto codiciado con la insatisfacción de haberlo conseguido.

La magia del humor es también un animismo donde todo cobra vida, como en la escritura única de Felisberto Hernández o la opera de Colette y Ravel (El niño y los sortilegios: una fantasía lírica en dos partes, estrenada en 1925), citada en Los pies helados. El encantamiento del mundo sigue a la "claridad inesperada" de Sin dones. Roto el maleficio del sentimiento de inferioridad y auto desvalorización, el yo se libera para el encantamiento del mundo y se entrega al canto, la música, la danza. La claridad ilumina, entonces, la continuidad entre el mundo y el yo, el erotismo visceral y lúdico de ser y estar en el mundo.

Magia y música son una y la misma, pues la magia reúne fuerzas concertantes y que, como en el amor, actúan por unión y composición, aún cuando se manifiesten como su contrario. En un mundo encantado, todo esta pronto a convertirse en otra cosa.

Y desde las sirenas de la Odisea, el encantamiento ser en el canto es el vínculo mágico por excelencia. Pero en Cosoco, el encantamiento vuelve a recorrer la paradoja de una imagen clásica, una manzana envenenada / era el encanto que nos ataba. La manzana continúa siendo el símbolo arquetípico de la tentación. Y aún así, o justamente por ello, no hay manzana que no esté envenenada. Este parece ser su rol en la comedia de enredos que comenzó cuando San Jerónimo traductor de la "vulgata", versión oficial y católica de la Biblia, entre 1540 y 1979, tradujo del hebreo al latín, manzana, en vez de fruto. Y desde el Jardín del Edén hasta el logo de la Mac, sin olvidar a los Beatles momento superlativo y originario del mago como manipulador de masas planetarias, la manzana es el lugar de una promesa (de cumplimiento de deseo). Que dicha promesa, abierta al campo de la vida, esconda veneno, se sigue de la continuidad del platonismo por medios judeo-cristianos. El dualismo platónico alma-cuerpo es ahora leído desde la economía del pecado, es decir, deuda externa interiorizada como culpa íntima. Si la manzana es un alimento y por tanto, promete ayudarnos a perseverar en el ser, el veneno es aquello que nos separa de nuestros poderes, de nuestras potencialidades. En tiempos de la vida envenenada, la pareja es el laboratorio del management del veneno. Eros alienta la fusión de los cuerpos y las almas en uno, reconquistando la esfera dual por excelencia. Pero el ser de los afectos es el de su transformación. Los montos de stress integrado a la cultura y la sociedad, más aún a la recámara íntima con el otro complementario, son una fábrica ponzoñosa. El veneno es inevitable. La confusión es resultado de los afectos, intensidades puras, forcejeando con las representaciones, desbordando el cauce del pensamiento.

Superficies haladas o la osteogénesis del humor

Una mirada ósea

Después de los caranchos, los buitres y las hienas; después de los roedores y los gusanos, lo que queda, son los huesos. Y una momia es un modo de ver el mundo que separa lo duro de lo blando, lo eterno de lo que es mortal. Y el hueso fue palanca, arma y superficie de inscripción. El hueso es también Stanley Kubrik, ese nombre que inventamos para saltar del mono al superhombre, así como de las cavernas a la Luna, Júpiter y más allá.


Cuando un hueso nos mira, es la paleontología entera que nos está mirando. El hueso es el signo de haber estado. Y por eso, hueso narrado. Cuando un hueso nos mira, nos miran las historias más antiguas (que podamos inventar). Los huesos son la memoria de la carne, el signo actual de haber vivido, como la cicatriz lo es de una herida.

En este contexto como en la figura del perfil y la copa, no sabemos qué mirar. La mirada fluctúa. La imagen ha entrado en procesos de condensación y desplazamiento. Como en los sueños, las imágenes se transforman unas en otras a la vez que son susceptibles de persistencia autónoma y simultánea. Como en el fotomontaje y el cine, se producen alucinaciones, simulacros, fantasmas y presencias inquietantes, como el encuentro fortuito de la tibia de Romeo con los ojos de Julieta, sobre una mesa de disección.

Y lo inquietante es la duda. Breve, insondable abismo de eternidad. ¿Vemos un rostro o un hueso? Hueso, rostro, devenir hueso del rostro. Platón agoniza, pues el mundo de las Ideas tanto como el de sus copias terrenas, famosos pretendientes, se hace pedazos. Fin de la gravedad metafísica y sus halotécnicas. No más colesterol. No más brutalidad modernista. Salve, el surfing ‘Patafísico y las homeotécnicas sutiles.

Posanorexia


¡Piel y huesos, no macarrones!, gritaba Mies Van Der Rohe mientras rascaba el cielo sobre su mesa de dibujo. ¡Piel y huesos!, exclamaba mi padre ante las nuevas modelos, en plena era de la psicodelia y el pop originarios.

Y en Halo, la piel es el hueso. El célebre aforismo de Paul Valery, lo más profundo es la piel, encuentra aquí su vuelta de tuerca. Entre el pasado paleontológico y la necrología del futuro, la psicodelia gótica sale de paseo con el dadaísmo pop. No se trata tanto de una versión neofuturista del Día de Muertos sino más bien, de una edición posanoréxica del Extraño mundo de Barbie. El arte en la sociedad del entretenimiento ubicuo y el estetismo inflacionario, está llamado a deshollinar las arterias culturales del colesterol mediático.

El hueso sin la carne, como una sonrisa sin gato, deviene una mirada irónica sobre paisajes imaginarios que han devenido en automatismos. Y los automatismos son contracciones de aquello que cae dentro del hábito, la repetición, la costumbre. Todo artista lucha tanto contra el estereotipo como contra el lugar común. Pero es, justamente, el lugar común lo que hace posible el arte, su trampolín o punto de apoyo. Y Juana Molina posee suficiente trayectoria tanto mediática como de vida como para acceder al nivel superior del humor, aquel que es capaz de incluirse en el campo para reír de sí mismo. 


La aparente sencillez de las imágenes de estos huesitos con sus indumentarias intercambiables, sugiere un humor que incluye la auto parodia. Su simpleza, su reducción al mínimo, el vaciamiento de toda significación clara o contundente, es decir, instituida, parecería ser la fuente de esa inquietud que mueve a risa. Como si en el hueso cupiera la historia bajo la forma de comedia de la domesticación de la muerte, es decir, la historia de la cultura. Ésta comenzó con los huesos como primer objeto mediático, a su vez, soporte y signo. Y el objeto artístico, ahora terminado, fijado en sus actuales soportes, alcanza su vida propia. 


El hueso es la imagen y el halo, su profeta. Y profeta no es tanto el que ve o dice, como el que escucha. Y las voces pueden provenir de un arbusto en llamas, del Daímon interior que dejaba a Sócrates absorto ante la casa de Agatón o del cuervo que grazna en la noche, never more. Quién ha escuchado, hará correr la voz. Pues, profetizar es anunciar escuchas del futuro. Y de ahora en más, el futuro es el público.


Gabriel Galli Danese | [email protected]

*Docente del Instituto de Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación, de la Universidad de la República. Acaba de ser nombrado Director de UNI Radio FM 89.1, que lanzará su nueva programación, en 2018. Aún así según sus propias palabras, a partir de setiembre, cuando los barriletes del erotismo remonten el gran azul, las ondas de UNI Radio despeinarán los axones y dendritas de quienes aventuren sus oídos, en tales frecuencias o en http://www.uniradio.edu.uy/.


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