Pocos sabrán que el FC Brasov rumano viste los mismos colores que Peñarol. Pero menos sospecharán que no es una casualidad, ya que la casaca del equipo de esta ciudad transilvana fue copiada directamente de la camiseta de rayas verticales oro y negro del aurinegro.
Todo empezó con un intercambio de camisetas entres dos de los mejores jugadores de la historia de los dos clubes, Alberto Spencer (Pañarol) y Csaba Györffi (Brasov).
A mediados de los años sesenta del siglo pasado la selección olímpica de fútbol de Rumanía hizo una gira por América Latina y una de sus paradas fue en Uruguay, donde los rumanos se enfrentaron al entocnes todopoderoso Peñarol.
Ganaron los rumanos, y como los aurinegros no estaban acostumbrados a perder pidieron la revancha.
En el segundo partido uno de los jugadores rumanos le hizo dos túneles al goleador y capitán de Peñarol, el legendario futbolista ecuatoriano Alberto Spencer.
Spencer le recriminó al rumano aquella humillación ante los 50.000 espectadores del estadio Centenario de Montevideo, e incluso le dio una leve bofetada. Entonces intervino Györffi.
"Yo estaba cerca de ellos, y me metí entre los dos para separarlos", declara a Efe Györffi, hoy un jubilado activo y vital en la ciudad de Brasov, donde sigue vinculado al fútbol.
"Después del partido, Spencer me esperó en el vestuario para agradecérmelo, y me regaló una camiseta de Peñarol con su nombre en la espalda", recuerda el jugador sentado en los bancos aurinegros del estadio del Brasov.
La expedición rumana se fue de Uruguay con una nueva victoria (0-2) contra uno de los mejores equipos del mundo, y con una camiseta de colores exóticos que cambiaría la historia de uno de sus equipos punteros.
A su regreso a Brasov, Györffi le contó el episodio de la camiseta de Spencer a su entrenador en el Brasov, Silviu Ploesteanu.
"Cuando se la traje se la llevó sin decir nada, y en dos semanas vestíamos de negro y amarillo", cuenta el extremo izquierdo y uno de los mejores de aquel equipo que hasta entonces iba de azul y blanco.
Ploesteanu llevó la camiseta de Spencer a una casa de serigrafía, donde se confeccionaron las nuevas casacas aurinegras del Brasov.
"En el vestuario (la camiseta) nos gustó a todos", recuerda Dorin Necula, otra de las estrellas de aquel equipo.
El Brasov, que por aquellos años de dictadura comunista en Rumanía se llamaba "Bandera Roja", cambió así las franjas verticales blancas y azules que había llevado hasta entonces por las aurinegras de Peñarol.
Era una combinación original para Rumanía, y también para Europa. "Aquí sólo nosotros vestíamos de amarillo y negro, y en Europa creo que nosotros y los alemanes del Borussia Dortmund", explica Necula.
Pero el oro y negro de Peñarol tenía también otras ventajas. "Ploesteanu nos dijo que con el color amarillo nos veríamos mejor en el campo", recuerda Györffi.
Parece que funcionó, porque ya vestidos de aurinegro, el modesto club de Györffi, Necula y compañía alcanzó los octavos de final de la Copa de Ferias (antigua Liga Europa).
Entonces les tocó el Espanyol de Barcelona, cuyos directivos quedaron impresionados por la actuación de Györffi en el partido de ida en España y quisieron ficharle.
Pero Györffi, entonces 22 años, era ciudadano de un país comunista, que no tenía relaciones diplomáticas con España.
Si quería jugar en el Espanyol debía quedarse entonces en Barcelona y renunciar a regresar a Rumania y no volver a ver a su familia quizá para siempre.
El Espanyol ofreció unas condiciones económicas muy ventajosas a Györffi, un rumano de origen magiar.
Para convencerle, recurrió al entrenador húngaro Elemer Berkessy y sus compatriotas y futbolistas Zoltan Czibor y la estrella del Real Madrid, Ferenc Puskas, que una década antes habían escapado de Hungría, otro país comunista, como ahora podía hacer Györffi.
Pero pesó más la familia, y el jugador regresó a Rumania y se retiró, muchos años más tarde, vestido como Peñarol.
Györffi no volvió a tener contacto con Peñarol o con Alberto Spencer, fallecido en los Estados Unidos en el año 2006.
Preguntado por un posible hermanamiento del Brasov con el club uruguayo, se muestra escéptico. "Somos muy pequeños para eso".
Más de medio siglo después de todas estas historias, el Brasov es un equipo de mitad de la tabla en la Liga rumana, y sigue paseando los colores de Peñarol por los campos de los Balcanes.
EFE
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