El teléfono rojo.
Trump aspira a que Reino Unido y Polonia impida a la firma china construir en esos países nuevas redes informáticas.
Jeremy Hunt, el ministro de Relaciones Exteriores británico, llegó a Washington días atrás para sumergirse en un mar de reuniones de alto nivel, encuentros sobre los que flotaba una interrogante crucial: ¿Debería Gran Bretaña arriesgar su relación con Pekín y aceptar la solicitud del gobierno de Trump de prohibir a Huawei, el principal productor de telecomunicaciones de China, construir su nueva red informática y telefónica de nueva generación?
Gran Bretaña no es el único aliado estadounidense que siente esa presión. EEUU también intenta "apretar las clavijas" a Polonia para evitar que Huawei construya allí su red de quinta generación, o 5G. Los funcionarios de Trump sugirieron que los futuros despliegues de tropas estadounidenses en Polonia, incluida la posibilidad de una base permanente denominada "Fort Trump", podrían depender de ello, según detalla un artículo de los reporteros David E. Sanger, Julian E. Barnes, Raymond Zhong y Marc Santora, publicado por el periódico The New York Times.
El informe recuerda que meses atrás, una delegación de funcionarios estadounidenses se presentó en Alemania, donde confluyen casi todas las grandes redes de fibra óptica de Europa, y también donde la compañía china quiere colocar sus sistemas de control para hacer que toda esa tecnología funcione. El mensaje norteamericano fue claro: cualquier beneficio económico del uso de equipos de telecomunicaciones chinos baratos se considerará como una amenaza a la seguridad de la alianza de la OTAN.
A lo largo del año pasado, Estados Unidos se embarcó en una campaña global sigilosa y ocasionalmente amenazadora para evitar que Huawei y otras empresas chinas participen en la remodelación más profunda del entramado físico de Internet en los últimos 35 años.
Para el gobierno de EEUU es un hecho que el mundo vive una nueva carrera armamentista, que consiste en una competencia tecnológica y no de armas convencionales, pero que aun así representa un gran peligro para la seguridad del país. En una época en la que las armas más poderosas, además de las armas nucleares, están controladas desde el ciberespacio, el país que domine la 5G obtendrá una ventaja económica, militar y de inteligencia durante gran parte de este siglo.
La transición a 5G, que ya está tiene prototipos funcionando en ciudades como Dallas o Atlanta, probablemente se más revolucionaria que evolutiva. Lo que los consumidores notarán primero es que la red es más rápida: los datos deben descargarse casi instantáneamente, incluso a través de redes de teléfonos celulares, describe el citado artículo.
Se trata de la primera red construida para servir a los sensores, robots, vehículos autónomos y otros dispositivos que intercambiarán continuamente grandes volúmenes de datos, lo que permitirá a las fábricas, polos industriales e incluso a ciudades enteras funcionar cada vez con menos intervención humana. También permitirá un mayor uso de las herramientas de realidad virtual e inteligencia artificial.
Pero lo que es bueno para los consumidores lo es también para los servicios de inteligencia y los cibercriminales. El sistema 5G es una red física de conmutadores y enrutadores que depende de software complejo y adaptable que se actualiza de manera constante, de manera invisible para los usuarios, tal como lo hace un teléfono celular que actualiza su software durante la noche, metras su propietario duerme. Eso significa que quien controla las redes controla el flujo de información y puede cambiar, redirigir o copiar datos sin el conocimiento de los usuarios.
Actualmente, en la Casa Blanca existe la convicción de que debe haber un solo ganador en esta carrera, y el perdedor debe ser desterrado. Durante meses, el gobierno de Trump ha estado redactando una orden ejecutiva, cuya publicación se produciría en las próximas semanas, que prohibiría efectivamente a las compañías estadounidenses utilizar equipos de origen chino en redes de telecomunicaciones críticas. Eso va mucho más allá de las reglas existentes, que prohíben tales equipos solo de las redes gubernamentales.
El nerviosismo por la tecnología china ha existido durante mucho tiempo en los Estados Unidos, alimentado por el temor de que los asiático puedan abrir una "puerta trasera" en las redes de telecomunicaciones e informáticas que permitan a los servicios de seguridad chinos interceptar las comunicaciones militares, gubernamentales y corporativas. Y las ciberintrusiones chinas de compañías estadounidenses y entidades gubernamentales han ocurrido repetidamente, incluso por piratas informáticos sospechosos de trabajar en nombre del Ministerio de Seguridad del Estado de China.
Pero la preocupación ha adquirido mayor urgencia a medida que los países comienzan a decidir qué proveedores de equipos construirán sus redes 5G.
Las autoridades estadounidenses dicen que el viejo proceso de buscar "puertas traseras" en los equipos y software fabricados por las compañías chinas es un enfoque equivocado, al igual que la búsqueda de vínculos entre ejecutivos específicos y el gobierno chino. El problema más grande, argumentan, es la naturaleza cada vez más autoritaria del gobierno chino, la difusa línea divisoria entre negocios independientes y el estado y las nuevas leyes que le darán a Pekín el poder de investigar, o tal vez incluso de asumir, redes que empresas como Huawei hayan construido y mantenido.
"Es importante recordar que las relaciones de las empresas chinas con su gobierno no son como las relaciones de las empresas del sector privado con los gobiernos en occidente", dijo William R. Evanina, director del Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad de Estados Unidos. "La Ley de Inteligencia Nacional de China de 2017 requiere que las compañías chinas apoyen, brinden asistencia y cooperen en el trabajo de inteligencia nacional de China, donde sea que operen", detalló el funcionario
El enfoque de la Casa Blanca respecto a Huawei coincide con la represión implementada en términos generales por la administración de Trump hacia China, que ha involucrado aranceles sobre los productos chinos, restricciones a la inversión y acusaciones de piratería y ciberespionaje a varios ciudadanos chinos. Trump ha acusado a China de "estafar" a su país y planear fortalecerse a expensas de Estados Unidos.
Las opiniones de Trump, combinadas con la falta de pruebas sólidas que impliquen a Huawei en cualquier tipo de espionaje, han llevado a algunos países a preguntarse si la campaña de Estados Unidos se trata realmente de seguridad nacional o si está destinada a evitar que China obtenga una ventaja competitiva. Los funcionarios de la administración ven poca distinción en esos objetivos.
"El presidente Trump ha determinado que superar este problema económico es crítico, no simplemente para corregir el equilibrio económicamente. También para hacer que China cumpla con las reglas que todos los demás cumplen, y para evitar un desequilibrio en el poder político / militar en el futuro", dijo John. R. Bolton, el asesor de seguridad nacional del mandatario, en declaraciones al periódico The Washington Times.
En ese contexto, el gobernó de EEUU está advirtiendo a los aliados que los próximos seis meses serán críticos. Muchos países están llamando a licitación para nuevas redes de teléfonos celulares 5G y tomando decisiones sobre millonarios contratos para la construcción de los sistemas necesarios para ello. La semana pasada, la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU anunció que había concluido su primera subasta de espectro 5G.
El gobierno chino considera este momento como una oportunidad para conectar al mundo, especialmente a las naciones europeas, asiáticas y africanas que se encuentran cada vez más en deuda con el poder económico chino.
"Esto será casi más importante que la electricidad", dijo Chris Lane, analista de telecomunicaciones en Hong Kong para Sanford C. Bernstein. "Todo estará conectado, y el sistema nervioso central de estas ciudades inteligentes será su red 5G".
¿Un nuevo peligro rojo?
Hasta ahora, el temor inspirado en Huawei es casi completamente teórico. Funcionarios estadounidenses murmuran que ciertos informes clasificados implican a la compañía en un posible espionaje chino, pero no han declarado nada públicamente. Otros actores familiarizados con el caso dicen que no hay nada concreto, solo una mayor preocupación por el creciente dominio tecnológico de la empresa y las nuevas leyes chinas que requieren que Huawei se someta a las solicitudes de Pekín.
Ren Zhengfei, el fundador de Huawei, negó que su compañía espiara para China. "Amo a mi país. Apoyo al Partido Comunista de China, pero nunca haré nada para dañar a ninguna otra nación ", dijo a principios del corriente mes.
El año pasado, Australia prohibió que Huawei y otro fabricante chino, ZTE, suministraran equipos 5G. Otras naciones se debaten todavía al respecto, ya que seguir ese ejemplo podría malquistarlos con China, lo que podría obstaculizar su acceso al creciente mercado chino y privarlos de los productos Huawei más baratos.
En países como Reino Unido, funcionarios del gobierno recordaron a los mencionados reporteros que Huawei ya ha realizado grandes inversiones en redes anteriormente y que ha empleado mano de obra británica para construirlas y administrarlas. Y agregaron que Huawei no se va a ir, sino que administrará las redes de la mitad del mundo, o más. Así las cosas, tendrá que estar conectada, de una u otra forma, a las redes de los Estados Unidos y sus aliados.
Sin embargo, BT Group, el gigante británico de las telecomunicaciones, tiene planes para quedarse con parte de la red de Huawei ya existente. La compañía dice que eso formaba parte de sus planes después de adquirir una empresa que utilizaba equipos Huawei. Sin embargo, desde las autoridades estadounidenses se afirma que esta decisión surgió después de que los servicios de inteligencia británicos notaran los riesgos crecientes. Vodafone Group, con sede en Londres, comunicó el pasado viernes que dejaría de comprar temporalmente equipos de Huawei para los componentes de su red 5G.
Por su parte, China no se ha cruzado de brazos ante estas situaciones y ha tomado represalias contra los países que se "rebelan". En diciembre, Canadá arrestó a una alta ejecutiva de Huawei, Meng Wanzhou, a pedido de los Estados Unidos. Meng, que es la hija del fundador de Huawei, fue acusada de estafar a bancos para ayudar a los negocios de Huawei a evitar las sanciones contra Irán. Desde su arresto, China ha detenido a dos ciudadanos canadienses y ha condenado a muerte a un tercer canadiense, que anteriormente había recibido 15 años de prisión por tráfico de drogas.
Sospechas crecientes
Este mes, el gobierno polaco hizo dos arrestos de espionaje de alto perfil: un ex funcionario de inteligencia, Piotr Durbajlo, y Wang Weijing, un empleado de Huawei. Los arrestos son la evidencia más sólida hasta el momento acerca de vínculos entre la compañía china y actividades de espionaje.
Wang, rápidamente despedido por Huawei, fue acusado de trabajar para las agencias de inteligencia chinas, dijo un ex funcionario de inteligencia polaco. Según los diplomáticos estadounidenses, Wang trabajaba junto Durbajlo, quien parece haber ayudado a los chinos a penetrar en la red de comunicaciones más segura del gobierno polaco.
Un alto funcionario estadounidense dijo que el caso era un excelente ejemplo de cómo el gobierno chino instala agentes de inteligencia dentro de la vasta red global de Huawei. Los agentes potencialmente tienen acceso a redes de comunicaciones en el extranjero y pueden realizar espionaje que las compañías afectadas no conocen, dijo el funcionario.
La compañía aseguró que Wang había "desprestigiado" a la empresa y que sus acciones no tenían nada que ver con sus operaciones.
El abogado de Wang, Bartlomiej Jankowski, dice que su cliente se ha visto envuelto en una batalla geopolítica entre Estados Unidos y China.
Los funcionarios estadounidenses y británicos ya se habían preocupado por el comportamiento de Huawei después de que expertos en seguridad cibernética revisaran el código fuente de la compañía para buscar puertas traseras, y determinaran que Huawei podría acceder y controlar remotamente algunas redes desde la sede de la empresa en Shenzhen, China.
Tras un examen cuidadoso, se determinó que el código que Huawei había instalado en su software de control de red no parecía ser malicioso ni estaba escondido. Parecía ser parte de un sistema para actualizar redes remotas y diagnosticar problemas. Pero en algunas circunstancias, también podría dirigir el tráfico alrededor de los centros de datos corporativos, donde las firmas monitorean y controlan sus redes, y su mera existencia ahora se cita como evidencia de que los piratas informáticos o la inteligencia china podrían usar los equipos de Huawei para penetrar millones de redes.
Funcionarios y académicos estadounidenses dicen que las compañías de telecomunicaciones chinas también han secuestrado temporalmente partes de internet, desviando el tráfico básico de Estados Unidos y Canadá a China.
Un artículo académico, escrito conjuntamente por Chris C. Demchak, profesor de la Escuela de Guerra Naval, describió cómo el tráfico desde Canadá destinado a Corea del Sur se redirigió a China durante seis meses. Ese ataque de 2016 se ha repetido, según los funcionarios estadounidenses, y brinda la oportunidad de espionaje.
El año pasado, AT&T y Verizon dejaron de vender teléfonos Huawei en sus tiendas luego de que Huawei comenzara a equipar los dispositivos con sus propios conjuntos de chips de computadora, en lugar de confiar en los fabricantes estadounidenses o europeos. La Agencia de Seguridad Nacional planteó silenciosamente las alarmas de que, con el suministro de sus propias partes por parte de Huawei, la compañía china controlaría cada elemento principal de sus redes.
El ascenso de Huawei
En tres décadas, Huawei ha pasado de ser un pequeño revendedor de equipos telefónicos de baja gama a un gigante global con una posición dominante en una de las tecnologías cruciales del siglo.
El año pasado, Huawei superó a Apple como el segundo proveedor global de celulares. Richard Yu, quien dirige área de consumo de la compañía, dijo en Pekín hace varios días que "incluso sin el mercado de los Estados Unidos seremos el número 1 en el mundo" para "fines de este año o en algún momento de 2020".
La compañía fue fundada en 1987 por Ren Zhengfei, un ex ingeniero del Ejército de Liberación Popular que se ha convertido en uno de los empresarios más exitosos de China.
Desde EEUU se dice que la compañía comenzó su ascendente carrera mediante la imitación e incluso el robo de tecnología estadounidense. Cisco Systems demandó a Huawei en 2003, diciendo que había copiado ilegalmente el código fuente de la compañía estadounidense. Las dos empresas llegaron a un acuerdo fuera de los tribunales.
Pero Huawei no se limitó a imitar. Abrió centros de investigación (incluido uno en California) y formó alianzas con universidades líderes de todo el mundo. El año pasado tuvo 100 mil millones de dólares en ingresos, el doble que Cisco y significativamente más que IBM. Su capacidad para ofrecer equipos bien fabricados a un costo menor que el de las empresas occidentales sacó del mercado de las telecomunicaciones a actores que alguna vez lo dominaron, como Motorola o Lucent.
Pese a que oficialmente nos e habla de ello, la investigación del gobierno de ese país acerca del gigante chino lleva ya años de idas y venidas. Ya en 2010, la Agencia de Seguridad Nacional (N.S.A.) irrumpió en secreto en la sede de Huawei, en una operación, cuyo nombre en código era "Shotgiant", una operación revelada luego por Edward J. Snowden, el ex N.S.A. que ahora vive en el exilio en Moscú.
Los documentos muestran que la agencia buscaba probar las sospechas de que Huawei estaba controlada secretamente por el Ejército Popular de Liberación y que Ren no estaba en absoluto libre de esa poderosa injerencia. Nunca se encontró la evidencia, pero los documentos de Snowden también muestran que la N.S.A. tenía otro objetivo: comprender mejor la tecnología de Huawei y buscar posibles puertas traseras. De esta manera, cuando la compañía vendió equipo a los adversarios estadounidenses, la agencia fue capasz de dirigirse a las redes informáticas y telefónicas de esas naciones para llevar a cabo la vigilancia y, de ser necesario, ciberoperaciones ofensivas.
En otras palabras, los estadounidenses intentaban hacerle a Huawei exactamente lo que ahora les preocupa que Huawei le haga a los Estados Unidos.
Una campaña global
Luego de que en 2013 se disparara el predominio de Huawei en Gran Bretaña, el Comité de Inteligencia y Seguridad del Reino Unido abogó por la prohibición de la empresa, en parte debido a los ciberataques chinos dirigidos al gobierno británico. No lo lograron, pero Gran Bretaña creó un sistema para exigir que Huawei pusiera su hardware y código fuente a disposición de la GCHQ, la agencia oficial de descifrado de códigos, fundada en 1919.
En julio, el Centro Nacional de Seguridad Cibernética de Gran Bretaña expresó por primera vez públicamente que las preguntas sobre las prácticas actuales de Huawei y la complejidad y el dinamismo de las nuevas redes 5G significaban que sería difícil encontrar vulnerabilidades.
Casi al mismo tiempo, los EE. UU., En una serie de reuniones clasificadas con ejecutivos de telecomunicaciones, tuvieron que decidir si dejaban que Huawei pujara por partes de las redes 5G estadounidenses. Las firmas locales AT&T y Verizon argumentaron que valía la pena permitir que Huawei estableciera un "banco de pruebas" en los Estados Unidos, ya que tendría que revelar el código fuente de su software de red. También señalaron que permitir que Huawei hiciera una oferta haría bajar el precio de la construcción de las redes.
El director de la N.S.A. en ese momento, el Almirante Michael S. Rogers, nunca aprobó el movimiento y Huawei fue bloqueada.
En julio de 2018, con estas decisiones arremolinándose, Gran Bretaña, los Estados Unidos y otros miembros de la alianza de intercambio de inteligencia "Five Eyes" se reunieron en su junta anual en Halifax, Nueva Escocia, donde las compañías de telecomunicaciones chinas, Huawei y las redes 5G eran los temas calientes de la agenda. Se decidieron por una acción conjunta para tratar de impedir que la compañía construya nuevas redes en occidente.
Los funcionarios estadounidenses están tratando de dejar claro a los aliados de todo el mundo que la guerra con China no se trata solo del comercio, sino de una batalla para proteger la seguridad nacional de las principales democracias del mundo y los miembros clave de la OTAN.


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