Por Germán Bidegain *
La République... oh la la!
21.04.2006

A un ritmo de una huelga general por semana en el momento más crítico, con una cantidad considerable de liceos y universidades ocupados, y ante la presencia de un auténtico diálogo de sordos entre promotores y opositores del CPE (Contrato Primer Empleo), la situación vivida en Francia en los últimos dos meses fue bastante caótica.

Hoy en día el CPE es un recuerdo, el gobierno cedió ante la presión social. Sin embargo, el análisis de la peculiar situación vivida recientemente en Francia nos permitirá abordar algunos rasgos de la realidad de un país que ha sabido ser un modelo para el nuestro.

El CPE era una de las propuestas realizadas por el gobierno francés con el fin de combatir la alta tasa de desempleo de los jóvenes (alrededor del 23%), que supera a la media nacional (10% aproximadamente). Este contrato de trabajo podía ser realizado entre los menores de 26 años y las empresas que contaran con más de veinte empleados. Establecía un período de dos años durante el cual cualquiera de las partes podría romperlo sin justificación alguna. Según sus detractores, un período de prueba de dos años durante el cual el patrón podría despedir al empleado con un simple ''gracias por todo'' y una palmada en la espalda.

La flexibilización laboral, en un contexto de amplias protecciones como es el francés, es la solución que el gobierno promueve para enfrentar el desempleo juvenil. Es así que hace unos meses se estableció el CNE (Contrato Nuevo Empleo), similar al CPE pero para las empresas de menos de veinte empleados (cuyas restricciones presupuestarias y vulnerabilidad frente al mercado justificarían cierta flexibilidad a la hora de manejar las plantillas).

La instauración del CNE generó cierta reacción social, pero nada comparable a lo que acontecería con la adopción del CPE.

La estrategia del gobierno no fue para nada ingenua, votando el CNE antes de las vacaciones de verano, la reacción fue bastante limitada. Como de casualidad, el voto del CPE se hizo justo antes de las vacaciones de invierno, estando ya la región parisina de vacaciones (las vacaciones en Francia están decaladas por regiones). Sin embargo, esta vez a la vuelta de las vacaciones la reacción, particularmente estudiantil, no se hizo esperar.


EL SUEÑO FRANCÉS
El otro día, la familia de Frédéric se juntó a festejar. El motivo: Frédéric había conseguido su CDI (Contrato de Duración Indeterminada) con tan sólo 26 años. El CDI es el objetivo de todo francés (digamos la gran mayoría para no ser tan tajantes ). Es el contrato de empleo que da tranquilidad, el que brinda mayores seguridades a la hora de pedir un préstamo, comprar un auto, etc. Aunque evidentemente puede ser cancelado, el CDI augura una larga relación patrón-empleado.

Normalmente antes de lograr el CDI, se pasa por uno o varios CDDs (Contrato de Duración Determinada). Hasta hace poco, y a pesar de la existencia de otros tipos de contratos, el CDI y el CDD eran la ''normalidad francesa'', contratos que ofrecen bastantes garantías al empleado.

Considerando al CDD (que es habitualmente el contrato de entrada al mercado laboral) ''demasiado pesado'' para los empleadores, el gobierno propuso al CNE y al CPE, con el fin de crear nuevas fuentes de empleo.

Según el gobierno, con los nuevos contratos se ofrecerían empleos que no se generarían de otra manera, una suerte de ''peor es nada''. El tema es que a los franceses, además de las siglas (como se habrán dado cuenta), les gustan las seguridades. Inmediatamente el CPE fue asociado a la palabra que más se ha escuchado por estos lados en estos tiempos: precariedad.

¿Quiénes jugaron? Del lado del gobierno hay tres nombres a tener en cuenta: Chirac, Villepin y Sarkozy. En este triángulo está el presidente de la República y los dos candidatos más claros del partido de gobierno para las presidenciables de 2007.

Mientras que Villepin es el primer ministro de Francia, Sarkozy es a la vez ministro del Interior y presidente del partido de los tres, el UMP (Unión por un Movimiento Popular), partido de derecha. Villepin es respaldado por Chirac, Sarkozy combate el liderazgo del presidente.

Tanto Villepin como Sarkozy se encuentran en plena campaña electoral para el 2007. Por su parte, Sarkozy no dudó en servirse del conflicto originado en los suburbios parisinos y extendido luego a toda Francia de los meses de octubre y noviembre de 2005 para afirmar su imagen de hombre fuerte y de acción que habla francamente al pueblo francés (sus declaraciones respecto a la limpieza de los ''racailles'', algo así como los ''planchas'' franceses, aunque políticamente incorrectas, fueron vistas con simpatía por más de uno).

Por el lado de Villepin, los nuevos contratos de trabajo y sus supuestos resultados positivos en el corto plazo, deberían haber sido su carta de presentación para las elecciones. Hasta ese entonces, aunque disfrutaba de la simpatía de la mayoría de los franceses, no había logrado consolidar un perfil definido de conductor político. Lamentablemente para sus propósitos, el haber hecho votar el CPE sin concertar ni ahondar en su debate (por contar con las mayorías necesarias y argumentando la urgencia del desempleo juvenil) generó una reacción social y política que a las críticas de contenido le agregaron las de forma, denunciando un cierto ''método Villepin'', caracterizado por la prescindencia del debate y la reflexión concertada, tan caros a la République.

Del otro lado del mostrador, encontramos a la mayoría de los movimientos estudiantiles (abanderados del movimiento opositor al CPE), a las centrales sindicales, y a una izquierda político partidaria que por el descrédito que tiene (en parte por sus divisiones internas) no logró capitalizar una coyuntura que le podría haber sido extremadamente favorable de cara a las próximas elecciones. También se opuso al gobierno la UDF (Unión por la Democracia Francesa) partido de centro, que hasta hace poco estaba coaligado con el UMP.


EL MANEJO DE LA CRISIS
En un principio, detrás del primer ministro se encontraba todo el UMP , pero mientras el conflicto se fue agravando, y la intransigencia de Villepin profundizando, se empezaron a escuchar ciertas voces disonantes. Por allí, pícaramente, Sarkozy dejó entrever su acuerdo con el primer ministro, pero no con su método, desmarcándose un poco para no salpicarse con la caída impresionante de la popularidad de Villepin (de 47% a 29% entre enero y marzo, según datos de La Vie, 3/2006).

Frente al crecimiento de estas manifestaciones, Villepin se mantenía firme, sosteniendo que el CPE no iba a ser dejado de lado. Sin embargo, el 31 de marzo, Chirac emitió un comunicado, que a pesar de ser ridículo, fue la puerta de salida de la crisis.

Fue ridículo porque al mismo tiempo que el presidente promulgó la ley conteniendo la creación del CPE (los ojos del país estaban sobre él, pues podía no promulgarla) instaba al gobierno a no aplicarla, esperando la proposición de una nueva ley a realizar consultando a las fuerzas vivas. El mensaje de Chirac fue: ''Se promulga pero no se aplica'', una joya de la desprolijidad política.

La promulgación de la ley buscaba no desacreditar a Villepin (hombre de Chirac y promotor de la ley) pero ponía indirectamente en primer plano a Sarkozy, presidente del UMP, que negociaría con sindicatos y estudiantes para realizar la nueva ley.

Las manifestaciones siguientes al comunicado fueron tan importantes como las realizadas hasta ese entonces, exigiéndose nuevamente el retiro total del CPE, negándose cualquier posibilidad de negociación. Finalmente, las ''negociaciones'' llevadas adelante por los miembros del UMP con los representantes sindicales y estudiantiles llevaron al comunicado de Villepin del 10 de abril que anunció la muerte del CPE.


¿POR QUÉ NO JUNTAN FIRMAS?
Como uruguayo, ante la problemática existente y la imposibilidad de diálogo entre las partes la solución me parecía evidente: a juntar firmas, referéndum y vemos qué pasa. Sin embargo, en la V República esto no es posible.

La situación vivida en Francia no sólo demostró las carencias del sistema político francés, que evidenció una imposibilidad de diálogo entre las partes por momentos francamente desesperante, sino que demostró también ciertas carencias institucionales. En un sistema puramente representativo, el electorado queda muchas veces limitado a la capacidad de presión sobre el gobierno. Si el gobierno no hace eco de las manifestaciones provenientes del mismo, o éste se calma o dobla la apuesta. Esto puede generar verdaderas pulseadas, con efectos bastante nocivos para el país en cuestión. Evidentemente, las varias huelgas generales, los bloqueos de liceos y facultades, los cortes de rutas y de las arterias de las grandes ciudades acontecidos en los últimos dos meses dejarán huellas no menospreciables en Francia. A las consecuencias políticas se suman consecuencias económicas y sociales (los fenómenos de violencia, la confrontación directa con las fuerzas del orden que rerpresentan al gobierno a los ojos de algunos manifestantes, etc.).

La existencia de mecanismos de democracia directa en las democracias representativas se presenta entonces como una alternativa por demás interesante para evitar este tipo de prolemáticas.

Situaciones como la vivida en Francia con respecto al CPE deben hacernos valorar el sistema institucional uruguayo, que con sus enclaves de democracia directa permite que el electorado entre directamente al ruedo político cuando siente que el gobierno se aleja de su voluntad. Esto no sólo es positivo desde el punto de vista de la calidad de la democracia, sino que también, como lo ha demostrado el ejemplo francés y contrariamente a lo que sostienen quienes se quejan de la cantidad de referéndums en nuestro país, tiene efectos prácticos para nada desdeñables.

* Germán Bidegain es Licenciado en Ciencia Politica, FCS, Udelar


Revista Dosmil30.
© Todos los derechos reservados

[email protected]